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A ti,
que recorres con un trazo invisible cada letra.
Ojalá dibujar en el marco de tus ojos
un curva más liviana,
para que me leas en braille
y me pintes con calma.
Te veo.
A ti sí, asomada.
Sé que estás ahí,
en el filo de mi ventana.
Dobla la esquina de la rosa,
cruza el lienzo y anda,
que de tus pupilas espero
puntillitas por mi alma.
Perdona que no te dé dos besos:
no me agacho por mi espalda.
¿Quieres una miga de azúcar para el viaje?
¿O una gota de agua destilada?
La ventana se queda abierta,
sal cuando te plaza.
Pero antes de que marches,
solo decirte... gracias.
Por pasarte y por quedarte,
en este rincón que es mi casa,
y por hacerme una visita,
a mí y a mis palabras.
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